Queridos amigos del MALI:

Este año celebramos treinta años de la Subasta De Arte del MALI y de su compromiso ininterrumpido con la sostenibilidad del museo. Durante este tiempo, la Subasta ha trascendido su rol recaudador y se ha consolidado como el mercado secundario más transparente y prestigioso de la producción artística peruana, dinamizando la escena cultural local. A la vez, ha impulsado la misión del museo de visibilizar diversas expresiones y promover el conocimiento de nuestro legado cultural a través de subastas temáticas, como las de fotografía, diseño, arte textil y arte amazónico, entre otras.

Pero el objetivo fundacional del MALI es mucho más ambicioso que tan solo dar a conocer nuestro legado artístico. La producción artística peruana es  uno de los vehículos a través de los cuales el museo nos invita a reflexionar  acerca de la vinculación entre nuestra historia y nuestro territorio, para que, desde ese conocimiento, seamos ciudadanos más humanos y sensibles.

En la era de la IA, una institución que busca humanizarnos debe ser considerada Infraestructura Estratégica del Conocimiento. Así como las redes de energía y de agua, la matriz de transporte o los hospitales, los museos constituyen hoy los cimientos de todo desarrollo posible. Pensar en ellos como salas de exhibición donde habitan objetos catalogados es una idea errada: los museos están, por el contrario, vitalmente vinculados a la producción, la comunicación y la creación del conocimiento cultural. Es de esta manera  como una sociedad se vincula con su pasado y entiende su presente ; revisitándolo y repensándolo. 

El MALI es extraordinariamente ambicioso en la lógica con la que organiza sus colecciones e invita a su público. El museo propone un panorama de la producción artística peruana desde antes de que este territorio se consolidará como nación y es, a la vez, un espacio de colaboración interdisciplinaria donde se promueven diversas lecturas del arte peruano.

Y es, precisamente, la Subasta uno de los motores que sostienen esta ambición. Más allá del inmenso apoyo que lo recaudado significa para la institución, sostengo que no hay mejor lugar para adquirir arte: toda obra presentada en este catálogo atraviesa filtros rigurosos. La extraordinaria exhibición de la artista indigenista Julia Codesido lo confirma: cerca de diez obras que la componen fueron generosamente prestadas por quienes las adquirieron en nuestra Subasta. Puedo afirmar, entonces, que las obras que aquí presentamos son de «calidad museística»: cumplen con los estándares más exigentes del mercado.

Quiero agradecer a quienes hacen posible esta edición aniversario: a los miembros del Comité —Natalia Delgado, Renzo Gianella, Jimena González, Hadaz Ivcher, Gonzalo Li, Ginette Lumbroso, Rafaela Maggiolo, Isabel Miró Quesada, Inés Temple y Lucía de la Puente—; al equipo curatorial, Sharon Lerner, Ricardo Kusunoki, Soledad Mujica y Max Hernández; a las coordinadoras de la Subasta, Mariela Arce, Eliana Velazco y a todo el equipo del Museo, cuyo trabajo cotidiano hace posible cada edición; y a nuestros auspiciadores: Rimac, Illusione, Allie, Range Rover, Estudio Rebaza, Alcázar y de las Casas y Hotel Quinta La Primavera. 

Los invito, con el espíritu filantrópico que ha definido estos treinta años, a pujar con generosidad por los lotes de este catálogo.

En nombre del MALI y del Comité de Subasta, mi más profunda gratitud.

Con cariño,

Talía Durand Neuhaus
Presidenta del Comité de Subasta